Monday, December 25, 2006

Diciembre en Apartaderos

La ruta de Caracas a Mérida deja el llano atrás en Barinitas. Trepa los Andes entre selva, cafetales y caseríos. Al lado de la carretera, frente a sus casas, la gente ha sentado muñecos de trapo vestidos de paltó, botas y sombrero. Pensamos en la quema de Judas, pero es diciembre y para Semana Santa faltan por lo menos tres meses. Un cordel amarillo interrumpe de golpe el camino. Frenamos y un niño grita "¡Aguinaldo! ¡Aguinaldo!" Tiene en la mano uno de los extremos del cordel. El otro está amarrado en un poste al otro lado del camino. Pagamos el peaje de la improvisada alcabala y continuamos hacia el páramo, entre más niños guardianes y muñecos de trapo. En una curva abierta, una casa cuelga sobre el valle del río Santo Domingo. Un anciano, una mujer y una niña estån sentados al lado del muñeco de la familia, que han vestido de kaki y gorra de camionero. Nos detenemos. Los muñecos, nos dicen, representan el año viejo, serán quemados en año nuevo. La mujer señala al muñeco y nos dice: "A este le gusta su cervecita." La niña se levanta y corre a demostrarlo. El muñeco tiene una lata de cerveza en la mano. De esta sale una cuerda que asciende hasta un travesaño, da la vuelta y queda colgando. La niña la hala y el muñeco se lleva la cerveza a la boca. Todos reímos.

Al otro día desayunamos en Apartaderos. Notamos un cambio desde la última vez que estuvimos: las casas nuevas. De proporciones largas y techos bajos, abrazan la tierra de la misma forma que las casas antiguas. Un grupo de adolescentes sale de un ranchito azul de bahareque. Al lado se levanta la estructura, el techo y parte de las paredes de una vivienda en construcción. "¿Esta casita nueva es de ustedes?" preguntamos. "Sí," contestan a una sola voz. "¿Y cómo la consiguieron?." El más adulto contesta: "Casa por rancho." "¿Y cómo se consigue eso?" "Pregúntele a mi papá... allá está." El padre, de unos treinta años, nos mira con recelo. "Señor, podemos hacerle unas preguntas." Responde con reticencia: "Um..." Nos mide y agrega: "¿Esto es asunto del Presidente?." Respondemos que no, que "andamos de paseo por aquí. Pero nosotros también estamos con el Presidente." La cara se le ilumina. Nos muestra su rancho, posa frente a su casa nueva y nos presenta a su familia y a sus vecinos.

No todos construyen viviendas nuevas. Una joven madre posa para nosotros frente a su casa recién remodelada. Nos muestra los perfiles de hierro que sostienen su techo nuevo. "Nosotros pedimos un crédito de un millón, para los tubos del techo. El resto lo pusimos nosotros. Mi esposo y su hermano hicieron el trabajo." Otra señora nos enseña su casa, muy humilde. Salta a la vista que ha sido habitada por años de cariño. "Yo no quiero tumbar mi casa, ni mi esposo tampoco. Quiero arreglarla." Le preguntamos por qué no ha pedido un crédito. "Si lo pedimos," contesta. "Es más difícil que lo den. Pero esta es la casa que Dios nos dió."

Muchos esperan todavía por su oportunidad. Saliendo del pueblo encontramos un grupo que conversa en una esquina. "¿Quieren mandarle un mensaje a los lectores del Diario de Caracas," preguntamos. "Díganle al Presidente que apuren las casitas," contestan. "Llevamos tres años esperando."

3 comments:

Boris said...

Hola Gustavo, muy bueno, me parece bien que la gente busque mejorar sus condiciones y que reclame por una vivienda o por mejoras de la que ya tiene. Pienso que deberías ayudadarlos a organizarse para que pidan y obtengan sus viviendas dignas. Mis sinceras felicitaciones si lo haces.

carlos said...

Saludos Gustavo y felicitaciones por lo acertado de tus escritos y la forma de tus relatos. Recuerdos de infancia vienen con tu escrito sobre esa zona tan especial y hermosa de Venezuela. Feliz navidad a ti y los tuyos.

Alfredo said...

Gustavo como no tienen otra alternativa esperarán 10 años más. Saludos y Feliz año nuevo.