Tuesday, March 26, 2013

Saturday, March 16, 2013

Fotos de Caracas: Color de El Verano

Sequía en Caracas, pigmentos vegetales y matices de colores
Palma y hojas secas
Palma y hojas secas

Hojas secas en un charco
Hojas secas en el agua con reflejos de cielo azul

Hojas secas sobre el pavimento
Naranja de hojas secas al lado de amarillo en la acera

Grama seca en azul
Grama seca sobre azul cielo
A mediados de Enero pasado Francisco Rivero, pintor y matemático radicado en el Estado Mérida, nos ofreció en El Color del Verano la sequía en las calles de Ejido, atrapada sobre el lienzo en «amarillo ámbar, cadmio, cromo y el indio de los pomos de colores».

Imitando su esfuerzo intenté fotografiar el color del verano en la tarde de Caracas, reemplazados los pomos de colores por combinaciones digitales de matiz, intensidad de color y valor: combinaciones de HSV.

Editando las imágenes en el GIMP encontré, para mi sorpresa, que el matiz de casi todas las hojas secas era el mismo: unos 31º, que en el círculo cromático se traducen en un matiz marrón-naranja. En otras hojas conseguí un matiz magenta-rosado: 313º en el círculo cromático. Una pregunta salta a la vista.

¿Cuál es el origen de esta invariancia?

Investigando en la red, encontré que hay tres tipos de pigmentos en una hoja: la clorofila, los carotenoides y las antocianinas. La clorofila, como sabemos todos, es verde. Los carotenoides absorben luz azul y son por lo tanto rojos, amarillos y naranjas. Las antocianinas son rojas y púrpura.

El color del verano, así parece, se expresa en la pintura en «amarillo ámbar, cadmio, cromo y el indio de los pomos de colores»; en la fotografía digital en marrón-naranja y magenta-rosado; y en la bioquímica de las plantas en carotenoides y antocianinas, que dominan el escenario vegetal cuando en la sequía del trópico, o el frío del otoño, la clorofila lo abandona.

Sunday, March 03, 2013

Fotos de Caracas: Artistas de Sabana Grande

Música, espíritu y azabache en el bulevar
Peddler of azabache charms
En Sabana Grande, Prado, artista del poder espiritual de la piedra de azabache
Prado, artista de Sabana Grande, tiene un don. Lo dice él, lo dicen sus amuletos de azabache. Donde vive, cerca de San Casimiro, el espíritu de la montaña lo protege contra los duendes y la malicia y la brujería de los envidiosos. La piedra de azabache le susurra al oído el secreto de las formas que en ella palpitan, escondidas.

Todos los días, en la tarde, viaja a Caracas a vender su trabajo, a compartir su don con la gente que buscando protección para sí, para los suyos se detiene a admirar sus pulseras, sus collares y su imágenes, la gente que se detiene a sentir el poder espiritual de Prado y azabache.

Guitar, maracas and bongó
Artistas de la guitarra, las maracas y el bongó, en Sabana Grande

Young drummer in Sabana Grande
Joven artista de la batería, invocando el espíritu de Dios en Sabana Grande

Friday, March 01, 2013

La Gente Quiere Mano Dura

La utopía transmutada en distopía
Hace unas semanas fui a una consulta con un médico de Barrio Adentro.

"Tiene que hacer todo lo posible por hacer ejercicio", me dijo.

"El problema es que ya no se puede caminar por donde lo hacía, secuestran a la gente," contesté.

"Pero no debe tener miedo, tiene que cuidar su salud."

Pensé un poco antes de contestarle.

"En realidad miedo no tengo mucho, pero el peligro es muy real. Los malandros patrullan la zona en camionetas y van recogiendo gente en la calle: una por una. Son eficientes y productivos, secuestran varios de una vez".

El médico asintió.

"La verdad es que ustedes tienen una situación bien trancada."

"Así es", contesté. "Si trato de que no me mate un infarto, a lo mejor me matan los malandros".

¿Y usted tiene plata para que lo secuestren?

"Que va, en los secuestros express agarran a cualquiera. En mi Universidad unos malandros retuvieron a varios estudiantes en el bosque donde trabajaban. No los dejaron ir hasta que la familia de uno de ellos les dió plata."

"Amigo, aquí en este país tienen que poner mano dura."

"El problema es que poner mano dura cuesta votos."


Los venezolanos, como todos los seres humanos, somos capaces de acostumbrarnos a todo. Pero cuando nos comunicamos con gente que vive en sociedades funcionales, nos damos cuenta del caos en que vivimos: cada vez más profundo, cada vez más inconcebible.

En mi tiempo de vida una Venezuela pobre y atrasada, pero con valores y reglas, ha pasado a ser una Venezuela pobre y atrasada, pero ahora con valores carcelarios, instituciones disfuncionales y discursos públicos alucinatorios.

Entender como caímos en esta situación podría ayudarnos a salir de ella. En este contexto es relevante un experimento clásico de sicología social: el Experimento de la Prisión, The Stanford Prison Experiment, que asume como pregunta.

¿Cómo responde la gente a un ambiente cruel, sin reglas definidas?