Friday, October 12, 2018

Un Sueño de Miedo y Azul

Fragmentos
Recuerdo el miedo, recuerdo
un tren azul ascendiendo
a lo inexpresable, en una ciudad
indefinida del Norte.

En un kiosco de revistas
los colores reventaban
y en las calles sucias, grises
el dolor y la vergüenza.

Recuerdo el miedo y nostalgias
secas, enjutas, marchitas
de irreversibles, de muerte
y trapos en naftalina.

Recuerdo que no recuerdo
llamaradas descarriadas
danzando entre las neuronas
buscando, fútilmente, ser.

Monday, October 08, 2018

La Kakistocracia y el Gas Comunal

El absurdo como sistema
En 1979, hace cuatro décadas, comprar gas en El Hatillo era cosa fácil. Bastaba con llamar a uno de tres distribuidores, Di Gas, Palma Gas o Tauro Gas, para que al día siguiente una bombona fuese despachada a la casa —dentro de un término razonable de la hora para la cual había sido prometida—. Comprar gas no era un trauma. Como tampoco lo eran comprar comida o medicinas, comer en un restaurante, usar el transporte público o manejar de noche por una carretera. Comprar gas, sin retrasos ni contratiempos, siguió siendo parte de lo cotidiano durante las subsiguientes tres décadas.

Hoy, cuando ha transcurrido una década más, las cosas son muy distintas. En toda Venezuela comprar gas se ha vuelto una penuria —penuria que es síntoma entre muchos de la degradación de la calidad de vida que nos ha traído el gobierno de los peores, la kakistocracia—.

¿Cómo fue desmantelado el servicio de distribución de gas?

El 3 de septiembre de 2007 Rafael Ramírez y Hugo Chávez Frías, “para acabar con el ‘oligopolio’ que imperaba entre los industriales del gas en bombonas”, crearon PDVSA Gas Comunal, cuyo objetivo sería “garantizar el suministro de GLP y Gas Metano en forma oportuna, confiable y segura a las comunidades”. La grandilocuencia de Chávez como muchas otras veces se estrelló con la realidad: el oligopolio se convirtió en monopolio –y a la vuelta de pocos años el servicio se vino al suelo–.

El desastre de PDVSA Gas Comunal no es un ejemplo aislado.

PDVSA Gas Comunal es, de hecho, paradigma representativo de como desgobierna la kakistocracia, que parece estar maldita por un toque de Midas al revés, que convierte en basura todo lo que toca.

La gerencia de PDVSA Gas Comunal, si es que se puede llamar gerencia a un desorden, es la típica gerencia de la kakistocracia. Los siguientes son ejemplos dek desbarajuste:

– Ya no podemos pedir gas por teléfono. Ninguno de los números de nuestro distribuidor, Cacique Baruta, contesta. Que esto es verdad puede ser verificado por el lector: los números son 0212 9451131, 0212 9452572, 0212 9454308 y 0212 9452913. (Tampoco contesta el número de acceso nacional 0800 BOMBONA. Y los mensajes a la cuenta de Twitter @0800Bombona no son respondidos).

– Hace muchos años que Cacique Baruta no nos entrega factura.

– Los camiones de Cacique Baruta no despachan gas a nuestra vivienda, pero ocasionalmente nos topamos con ellos en la calle. Evidentemente los choferes están vendiendo gas a quienes a ellos les da la gana, cuando les da la gana.

La propaganda de PDVSA Gas Comunal, como toda la propaganda de la kakistocracia, es bombástica y basada en la mentira descarada. Mientras la gente no tiene gas la gerencia de PDVSA Gas Comunal se jacta de tener oficinas en todo el país “para dar el mejor servicio”, de ser una “suma de talento humano, tecnología, inversión y una gran infraestructura industrial”, y de expresar “la sabiduría, conciencia y productividad del pueblo”.

Por último, PDVSA Gas Comunal como la kakistocracia es intrínsecamente incapaz de corregir sus graves defectos. Sus funcionarios son sordos a la crítica y no responden a las denuncias, por bien sustentadas que estén.

La gerencia de Gas Comunal, como la kakistocracia, se declara infalible, perfecta, paradigma resplandesciente para todos los pueblos del planeta.

Friday, June 29, 2018

Regresaste a Todo

Revelación
Aquella noche de invierno
ácido y rojo metal
en el Centro de la Música
lo sentí
sentí a Dios

la certeza de ser parte
residuo indisoluble
de todo. Y te lo dije.
Pero vi
el terror

de no ser, y lo negué a Dios.
–Acéptalo –dijiste.
No pude y fluyó la vida
fuera de mí
dentro de mí.

Llamas rojas reventaron
en la grama ondulando
debajo de escarcha de azul.
Helados
los dedos

del viento entonces rasgaron
la piel de nuestros semblantes.
Se burlaron de nosotros
los árboles
desnudados.

Caminamos hacia luces
amarillas en los dorms
enmarañando en historias
y sueños
la vida.

Aquella tarde ya viejos
recordaste esa noche,
hilo de acero y titanio
hilvanando
nuestras vidas.

Ya no estás aquí
regresaste a todo.

Wednesday, June 06, 2018

A Nadie le Importa

Apatheia
A las serpientes que reptan
las humedades virtuosas
en el Waraira Repano
no les importa.

A las tortugas naciendo
enterradas en la arena
en una playa caliente
no les importa.

A las moscas, los gusanos
y los perros que devoran
los cuerpos asesinados
no les importa.

A raudos muones volando
en tiempos relativistas
sobre el azul del Caribe
no les importa.

Wednesday, April 11, 2018

Más Allá, lo Real

Desde la nada oscura
Bajamos la avenida que del cerro baja
a la soledad del centro
dentro de sueños violeta.

Si bajamos somos. Somos
de un sujeto suspendido su suspenso.

Podríamos ser quien habla,
quien escucha.
O ser los dos,
quien habla, y quien escucha.

En esta perplejidad nos acecha un anhelo:
un dolor ondulante
reptando indiferente
sobre la piel distante de un recuerdo de hielo.

Un destello estalla
en la esquina que duerme y se va. Más allá
despierta una amenaza que nunca durmió.
De fruta podrida

un olor y un frío de madrugada
silban en la oscuridad. Sisea
un farol de gasolina que clarea
un puesto de batatas y cebolla.

He aquí el mercado.

Wednesday, December 13, 2017

El Petro

El Petro ¿engendro o panacea?
En una economía funcional una moneda sirve como depósito de valor, como medio de intercambio y como unidad de cuenta.

En la economía disfuncional que hoy vivimos en Venezuela un billete no sirve como depósito de valor. Si trece billetes de cien eran necesarios para comprar hace un año un café, ciento treinta son necesarios hoy. Billete que se guarda, billete que se pierde, sabe todo el mundo.

A Cup of Coffee

Los billetes tampoco sirven como medio de intercambio: simplemente no se consiguen. En los cajeros externos de los bancos rara vez hay efectivo; y cuando lo hay solo se nos dispensa un monto máximo de diez mil bolívares, a duras penas suficiente para comprar una empanada. En los cajeros internos de los bancos los montos también están limitados: a menos que paguemos una jugosa comisión a las mafias que se aprovechan del caos. (Es verdad que después de largas colas los viejitos podemos en algunos casos cobrar la pensión del seguro social, pero esto no nos salva del todo de la locura: como no hay billetes de baja denominación para dar vuelto, los comerciantes casi nunca pueden aceptar los billetes de cien mil.)

Tampoco sirven los billetes como unidad de cuenta: los precios varían tan rápido que es difícil hacerse una idea, en bolívares, del valor de las cosas; la gente en la práctica usa el dólar como indicador de valor, como unidad de cuenta. Y es aquí donde la negligencia criminal de la autoridad monetaria nos acribilla: en ausencia de una asignación racional de divisas por parte del BCV, carecemos de una tasa de cambio oficial para el dólar, carecemos de una tasa de cambio creíble quiero decir. La carencia de una tasa de cambio oficial creíble abre la puerta a Dolar Today, una simple página web que en la práctica determina el tipo de cambio del dólar —y como consecuencia determina el nivel de precios—.

Es en medio de este despelote que el gobierno ha propuesto una nueva forma de moneda, presunta criptomoneda: el Petro.

¿Pero podría en la situación actual funcionar este Petro? Es difícil. Ninguna moneda funciona y sobrevive si el público no tiene confianza en el ente que la emite: en el caso del Petro el gobierno actual de Venezuela: el mismo gobierno que nos trajo el despelote que describimos arriba.

¿Sería racional, consistente con la realidad, esperar que el público confíe en este nuevo engendro de Maduro y su equipo económico?

Thursday, November 09, 2017

Niños que Comen de la Basura

Naturalización del desastre en Venezuela
Ayer mi esposa y yo vimos dos niños comiendo de lo que encontraban hurgando en la basura.

Que en los últimos tiempos en Venezuela mucha gente se alimenta de los desechos es una realidad conocida, documentada por fotografías y vídeos, usada como tema de propaganda política: es casi un cliché. Aún así, una cosa es lo que conocemos a través del discurso, otra lo que perciben directamente nuestros sentidos; lo que vimos ayer de cerca, con nuestros propios ojos, nos conmovió.

Uno de los niños, ya adolescente, bebía los restos de un líquido en una botella que había sacado de una bolsa de plástico; bebía con naturalidad, como quien bebe sentado en la mesa un vaso de jugo de melón, como quien cena en su casa después de un día de trabajo. Que el niño bebiese con naturalidad no tiene por qué sorprendernos siendo el comer natural, función universal de todo lo que está vivo: come la gente, comen las tortugas, comen los fagocitos, comen —podría argumentarse— hasta los virus. Pero así como el comer es natural también lo es su función opuesta: el excretar, expulsar de un organismo los residuos de las funciones de la vida. Es excreta de la sociedad la basura, residuo de la vida social, y en cuanto a excreta es tóxica para el cuerpo social; por eso nos produce asco, un sentimiento que nos alerta del peligro que cobija lo asqueroso, que nos impulsa a alejarnos de algo que siendo ponzoña nos puede dañar.

Así como la basura nos da asco, en contraposición la presencia de otras personas nos genera empatía, el impulso biológico a identificarnos con ellas; excepto cuando son el enemigo.

Los niños que vimos ayer comer de la basura son como nosotros, podrían ser nuestros hijos, o nuestros nietos —no son el enemigo—. Verlos cenar basura nos conmovió porque la empatía nos hizo sentir con ellos el conflicto, la humillación, la tragedia, de tener que conjugar el comer con el asco: de ver disminuida la dignidad.. Y siendo la tragedia es en última instancia una cercanía a la muerte, la empatía disparó en nosotros el también biológico impulso de actuar para sobrevivir —en mí de aniquilar al enemigo y en mi esposa, siendo madre; fuente de vida nueva y alimento, de romper a llorar—.

Yo por mi parte, mientras viva, no voy a olvidar quien es el enemigo: el asqueroso y despiadado enemigo que nos ha llevado a alimentarnos de nuestra propia excreta.