Friday, July 07, 2017

Yekuana, Birongo, Timotes

En el principio la palabra era la tierra
Paseando por Tacarigua
elevando papagayos
Mucurubá recordando
viendo volar guacamayas.

Selva verde de yekuanas
calles secas de Carora
calores de Maracaibo
Caripe de selva oscura.

Sol salado en Higuerote
corsarios sobre Cubagua
caimanes en Tucupita
sobre Mariche zamuros.

Carúpano carnavales
mantecadas de Cacute
Maturín de calles muertas
cuentos de maquiritare.

Iguanas verdes Birongo
guayabas verdes Los Teques
gamelote Guarapiche
cacao y dulce Curiepe.

Puertas grises de Timotes
olas azules de Chuspa
en la radio desde un sueño
tomorrow night Guasipati.

Friday, June 16, 2017

Fractura de lo Real

En tiempos de hambre, muerte y mentiras
Hay un dolor en el aire.
Se mete por las narices,
nada en la sangre y
subrepticiamente se instala en los huesos.

Resuena en suaves lejanos
ruidos de motocicleta
ansias, temores y desencantos.
Quiere durar.

Hay un dolor en los sueños
quebrados, quemados, castrados.
Salta de hojas amarillas
devoradas por polillas en libros viejos.

En la costa fría de un mar gris
se oculta en olas oscuras
reventando sobre rocas.
Quiere dormir.

Hay un dolor en la vida
desierta de vientos frescos
que vuelen sobre caminos
de selva, de manglares, de montaña.

Grita en boca de hijos.
Repta en desesperanza,
en fétidos verdes hilos
que cruzan de barro calles inclementes.

Hay un dolor,
quiere olvidar.

Saturday, June 10, 2017

Remembranza de 1962

Ciclos de lo real en la perplejidad
–Era el occiso
conocido en los bajos fondos con el remoquete del Ratón–
había dicho el noticiero de las 6
de la mañana.

El niño
iba a la escuela como en lo oscuro de un sueño.
En el quiosco de revistas, en primera plana,
el tabloide

exhibía la foto.
En la luz hostil de un flash
acribillado decúbito proclive
contra una pared

yacía en blanco y negro abyecto
el Ratón.
Los ojos entrecerrados, los labios resignados
y el escapulario

de la Virgen entre los dedos
disociados
de la sangre
negra que le arrancó la vida del pecho

y en un charco
bajo su cadáver se congeló.
El niño
trató de no pensar, pero no pudo.

En su imaginación hacia la muerte
en la noche
trepaba por escaleras hediondas a orine
el Ratón.

Detrás de él
corrían y reían a carcajadas
sus amigos
de la Dirección General de Policía.

Thursday, June 08, 2017

Cuento Vegetal

Muy breve historia de Venezuela
Venezuela vivió
de dulce olor a monte
de bosta de burro
en polvo anaranjado de Valera.

Venezuela vivió
de risas resonando
olor a lápices nuevos
en el patio de la escuela.

Venezuela vivió
de sol ardiendo
sobre carreteras infinitas
en negro de asfalto.

Venezuela vivió
de piel salada
de bronce
en la playa.

Venezuela murió
de dolor
ahogada
en mierda cruel.

Saturday, May 27, 2017

Gavidia

Donde se juntan lo cercano y lo infinito
Lucen de lejos los frailejones
de plata verde, grises las rocas,
hilachas de blanco azul la niebla.

De olor a leña abrasada los sentimientos,
caricias calientes consuelan el frío
cuajado en las mejillas.

Susurra el viento
promete maravillas
ocultas en las gargantas de la montaña.

Las aguas del río
embarcan cristalinas, tranquilas, cantarinas
las almas de las lagunas al mar.

El paisaje inmenso
arropa la eternidad.

Wednesday, May 03, 2017

Asamblea Constituyente

Confrontación, Manipulación, Irresponsabilidad
Para comprender el concepto de constitución-como-función debemos clarificar la visión académica de los objetivos tradicionales de una constitución. Una idea central en este sentido es la limitación del poder del gobierno. Las constituciones generan un conjunto de principios inviolables y disposiciones específicas a los cuales deben ajustarse las leyes y las actividades gubernamentales. Esta función, llamada usualmente constitucionalismo, es vital para el funcionamiento de la democracia. En ausencia de un compromiso con una ley superior, el estado puede funcionar para el beneficio a corto plazo de quienes circunstancialmente detentan el poder o la mayoría. Quienes estén fuera del poder pueden llegar a percibirse sin protección alguna, y como consecuencia usar con mayor probabilidad medios extra-constitucionales para adquirir poder. Al limitar el alcance del gobierno y comprometer a los políticos a respetar ciertos límites, las constituciones hacen posible el gobierno.
Convocar una asamblea constituyente en medio de la crisis que vive el país es una confrontación, una manipulación, una irresponsabilidad. Pretender refundar a conveniencia propia la República es una agresión a la abrumadora mayoría, un acto de confrontación mediante el cual el gobierno se delata dispuesto a lo que sea para mantenerse en el poder. La convocatoria es una manipulación política: si la oposición no participa será acusada de rehusar un camino formalmente legal, y si la oposición participa convalidará un juego que el gobierno ha amañado para que le sea imposible perderlo. Es una irresponsabilidad, en medio del hambre, la escasez y la violencia que vivimos, desestabilizar aún más las instituciones y profundizar el desorden social.

Si al gobierno en realidad le importase la integridad de la República aceptaría las reglas del juego democrático, cesaría de violentar los límites impuestos por la constitución y asumiría el costo político de implementar políticas racionales y eficaces para al menos detener la debacle económica.

¿Pero le importa realmente al gobierno el bienestar de los venezolanos? A estas alturas del juego lo dudo, aunque quisiera equivocarme. En todo caso si quienes conforman el gobierno no cesan de actuar de acuerdo a sus intereses personales, si no asumen con seriedad su responsabilidad de administrar el país, que Dios salve a la República.

Monday, March 27, 2017

Carta Democrática Interamericana

Consecuencias de su aplicación sobre la identidad nacional de Venezuela
En 1995 Arturo Uslar Pietri, escritor destacado, notable ciudadano, educador por tres décadas en Valores Humanos, declaró a un periodista de la revista Semana.

—Venezuela está atravesando la crisis más grave de toda su historia.

Era entonces tan grave la crisis que no podíamos concebirla peor. Nos equivocábamos. Hoy la vida cotidiana se ha hecho un infierno, hemos llegado al borde del colapso social.

Un aspecto de la crisis, no el único, es político.

El gobierno, acorralado por su ineficacia y la pérdida de toda legitimidad, ha tomado el camino de la opresión. Con la connivencia abierta del Consejo Nacional Electoral la posibilidad de elegir ha sido por los momentos cerrada.

La oposición tradicional, intoxicada ante la perspectiva de regresar al poder, ha sido incapaz de construir una narrativa que capture en la imaginación un país cónsono con las aspiraciones y necesidades de la gente. Su desempeño en los gobiernos locales ha sido pésimo, en el mejor de los casos mediocre.

Altos funcionarios de la Organización de Estados Americanos, OEA, argumentan que esta situación justificaría aplicar al Estado venezolano la Carta Democrática Interamericana. ¿Pero contribuiría realmente tal medida a resolver la crisis en Venezuela?

Aplicar la Carta Democrática a Venezuela injuriaría gravemente la identidad nacional. Los costos para el país consecuencia de esta injuria superarían con creces los exiguos beneficios que pudiese traer.

¿Qué queremos decir por identidad nacional? ¿Por qué sería dañada? ¿Por qué tal daño resultaría costoso para los venezolanos?

La identidad nacional puede ser comprendida como una instancia de identidad social, un concepto introducido a finales de los años 70 por el psicólogo social Henri Tafjel.

De acuerdo a la teoría de identidad social, en nuestra interacción los seres humanos nos definimos como asociados a ciertos grupos. Y actuamos en un contexto dado para que nuestro grupo sea percibido positivamente en relación a otros.

En general pertenecemos a más de un grupo. Podemos ser católicos, evangélicos, agnósticos; niños, jóvenes o viejos; en la universidad profesores, empleados administrativos, obreros; o podemos ser colombianos, españoles, o venezolanos. Algunos grupos son mutuamente excluyentes: no se puede ser católico y ateo al mismo tiempo; otros, la mayoría, no lo son.

Desde el punto de vista social la identidad puede concebirse como el conjunto de narrativas y normas sociales compartidas por quienes pertenecen a un grupo. Estas narrativas y normas, interiorizadas por las personas, condicionan sus actitudes y lo que hacen.

La identidad nacional puede definirse como la de “un grupo de personas que sienten que son una Nación”. Las narrativas asociadas a la identidad nacional son sustentadas por los símbolos nacionales, la historia, las instituciones nacionales y las narrativas políticas.

Las narrativas políticas son particularmente importantes porque condicionan nuestro sentido de la acción colectiva. Un ejemplo de narrativa política es la noción del excepcionalismo americano, según la cual los Estados Unidos de Norteamerica tendrían la misión de transformar el mundo de acuerdo a sus valores. Esta narrativa es central a la identidad nacional de los estadounidenses. Y en el mundo están a la vista los efectos del poder que resulta de su vigencia.

La identidad nacional llevada a extremos patológicos puede ser peligrosa, nos enseña la historia. Pero al mismo tiempo un Estado Nación es inviable si su población carece de un claro y vigoroso sentido de pertenencia. Una identidad nacional positiva es condición necesaria, por ejemplo, para el desarrollo económico y social.

Este último hecho es de particular interés para nosotros, los venezolanos. Si queremos prosperar nuestra identidad nacional debe ser fortalecida, no menoscabada.

La OEA es, no lo olvidemos, un ente externo a Venezuela. Invocar su acción como instancia superior para resolver nuestros problemas es declarar nuestra incapacidad para gobernarnos a nosotros mismos, contaminar nuestra identidad nacional con una narrativa según la cual los venezolanos seríamos impotentes. A esto hay que agregarle que algunos llegan al extremo de colocar a la OEA por encima de las leyes venezolanas. Poniendo así en tela de juicio nuestra capacidad de darnos nuestras propias normas, nuestra autonomía, injurian aún más nuestro sentido de competencia.

Aplicar la Carta Democrática Interamericana al Estado venezolano es asestar una puñalada al corazón de la identidad nacional de Venezuela.

¿Y para qué? La OEA no tiene el poder o la legitimidad necesarios para forzar una solución en Venezuela. Activar la Carta Democrática no pasaría de ser una medida efectista, puramente teatral.


Podría argumentarse que no aplicar la Carta Democrática de la OEA significaría abandonar la búsqueda de una solución a la crisis, pero esto no es verdad. Al contrario, una solución pasa por interiorizar que Supermán no va a venir de Metrópolis a resolver nuestros problemas, que no nos queda más alternativa que asumir la responsabilidad de enfrentarlos nosotros mismos.

¿Qué hacer entonces?
 
“Cambiar de modelo de desarrollo, pensar de otra manera, poner los pies sobre el suelo y reducir el tamaño del Estado”,  sugirió Uslar Pietri hace 21 años.

Un paso importante en este sentido sería trabajar para fortalecer la sociedad civil: el sector social que trasciende los muy particulares intereses de los políticos y los hombres de negocios.