El próximo 21 será el día más corto del año. Es tiempo de hacernos compañía, de oponer bondad y luz a frío y oscuridad, de transmutar la noche más larga en nochebuena.
Sobrevivir en soledad un invierno era imposible en épocas pasadas. No sorprende entonces que se exprese en Navidad la simpatía, sustrato de la cooperación y, de acuerdo a Charles Darwin, el más fuerte de los instintos humanos. Si Darwin valoraba la cooperación, es paradójico que sus ideas se usen para justificar el darwinismo social, para legitimar la subordinación del derecho al poder.
Lo que propuso Darwin en El Origen de las Especies fue la supervivencia del mejor adaptado. Esto fue después tergiversado como la supervivencia del más fuerte. El mejor adaptado es en realidad el más bondadoso, nos dicen ahora científicos de la Universidad de California en Berkeley.
El darwinismo social se sustenta en un supuesto predominio de las pulsiones egoístas. En contraposición, Laura Saslow y Sarina Rodrigues han encontrado un gen de la empatía. (Un gen que codifica el receptor de la oxitocina, un neurotransmisor activo en el amor romántico, la protección y el cuidado y la interacción social.)
Según el darwinismo social, valorar la cooperación sería ingenuo porque los seres humanos buscamos la satisfacción individual. Este argumento es falaz. Se puede conciliar la satisfacción individual con la de otros. Así lo corrobora un estudio del sociólogo Robb Willer, en el que los participantes recibieron un poco de dinero que luego pudieron jugar en beneficio del “bien común”. Fueron los más generosos quienes recibieron más regalos, respeto y cooperación de los demás; y quienes adquirieron más influencia. Su generosidad les trajo satisfacción individual.
La evidencia científica acumulada demuestra que evolucionamos hacia la compasión y la colaboración. Demuestra que la bondad nos ayuda a sobrevivir y prosperar como especie.
[El siguiente documento sirvió de base a este artículo: University of California, Berkeley (2009, December 9). Social scientists build case for 'survival of the kindest'. ScienceDaily.]
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Sunday, December 12, 2010
La bondad como valor de supervivencia
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Monday, December 06, 2010
Red de Consejos Comunales
“En Venezuela hay 31.000 Consejos Comunales”, declaró en febrero de este año un portavoz del Ministerio del Poder Popular para las Comunas y Protección Social. Estos Consejos Comunales, trabajando como un sistema coordinado, podrían jugar un papel significativo en el diseño e implementación de políticas públicas. Podrían convertir en realidad la idea de Poder Comunal.
Pero los Consejos Comunales no han alcanzado la madurez. Todavía aprenden, sobre la marcha, a definir y ejecutar sus funciones. Aprenderían mucho más rápido si compartieran entre sí sus experiencias, si cada uno de ellos pudiese aprender de los problemas, soluciones y procedimientos de los demás. Una red capaz de entrelazar los Consejos haría posible este aprendizaje colectivo.
Crear la red comenzaría por documentar la acción de cada Consejo Comunal. En textos, imágenes, sonido. ¿Con qué herramientas? Celulares, cámaras digitales y computadoras, todos aparatos de consumo masivo, son cada vez más accesibles a las comunidades. (500.000 computadoras Canaima serán repartidas a los niños en las escuelas, por ejemplo.) Con la ayuda de estos dispositivos, la información de cada Consejo Comunal podría guardarse en forma digital. Bastaría cargarla a un servidor conectado a Internet para que estuviese a la disposición de los demás Consejos.
Implementar la red que aquí dibujamos es una tarea compleja. Pero está a nuestro alcance: en menos de un año podría estar funcionando lo esencial.
Las técnicas informáticas relevantes son relativamente simples. El aprendizaje y organización a nivel de las comunidades serían los aspectos más difíciles. Pero es precisamente a nivel de las comunidades donde contamos con una ventaja crucial: nuestra preferencia por la conversación como medio para comunicarnos.
Los celulares, las redes sociales, la internet –todos instrumentos para la conversación– serían ideales para entrelazar los hilos del discurso comunal.
Pero los Consejos Comunales no han alcanzado la madurez. Todavía aprenden, sobre la marcha, a definir y ejecutar sus funciones. Aprenderían mucho más rápido si compartieran entre sí sus experiencias, si cada uno de ellos pudiese aprender de los problemas, soluciones y procedimientos de los demás. Una red capaz de entrelazar los Consejos haría posible este aprendizaje colectivo.
Crear la red comenzaría por documentar la acción de cada Consejo Comunal. En textos, imágenes, sonido. ¿Con qué herramientas? Celulares, cámaras digitales y computadoras, todos aparatos de consumo masivo, son cada vez más accesibles a las comunidades. (500.000 computadoras Canaima serán repartidas a los niños en las escuelas, por ejemplo.) Con la ayuda de estos dispositivos, la información de cada Consejo Comunal podría guardarse en forma digital. Bastaría cargarla a un servidor conectado a Internet para que estuviese a la disposición de los demás Consejos.
Implementar la red que aquí dibujamos es una tarea compleja. Pero está a nuestro alcance: en menos de un año podría estar funcionando lo esencial.
Las técnicas informáticas relevantes son relativamente simples. El aprendizaje y organización a nivel de las comunidades serían los aspectos más difíciles. Pero es precisamente a nivel de las comunidades donde contamos con una ventaja crucial: nuestra preferencia por la conversación como medio para comunicarnos.
Los celulares, las redes sociales, la internet –todos instrumentos para la conversación– serían ideales para entrelazar los hilos del discurso comunal.
Sunday, November 21, 2010
Danilo Anderson, justicia e impunidad
Al pie del bloque 14 de Monte Piedad, la noche de la Plaza Alí Primera se siente como la noche de una plaza de pueblo. Al suroeste, paralelas a un bloque de 4 pisos, han sido dispuestas seis mesas de ajedrez. Seis niños juegan una partida simultánea con Luis Casadiego, miembro del Comité Cultural Alí Primera. En el sencillo escenario un músico aclara la voz. Alguien dice: –está sabroso este frío. Las luces verdes, rojas y amarillas –y la algarabía festiva de los niños– nos recuerdan que la Navidad está cerca.
La Navidad celebra la esperanza: la certeza de que el día más oscuro del año será, precisamente, el día en que renacerá la luz. Esta noche la comunidad conmemora que han pasado 6 años desde que murió Danilo Anderson.
–Recordar a Danilo es luchar contra la impunidad, me dice Luis.
Minutos más tarde comienza la música. Un verso de una canción resume el por qué estamos aquí: “un paso adelante de la justicia nos cuesta un hombre”...
“¿Y no es buscar justicia el núcleo primordial de una revolución?”, pienso.
En el trayecto que lo llevó del liceo Guzmán Blanco a la Escuela de Derecho y luego al Ministerio Público, Danilo Anderson aprendió la fuerza del Derecho como instrumento de civilización.
Como Fiscal le hizo honor a esta fuerza. Su actuación reflejó, sin cortapisas, el principio de la igualdad ante la ley. Ricos y pobres fueron convocados al Ministerio Público a responder por sus actos.
Danilo no cedió ante amenazas y presiones. Esto le costó la vida. Ya muerto hay quienes buscan abrirle más heridas, esta vez morales.
Quizás Danilo sobrestimó la fuerza del Derecho en un país en el que las relaciones de poder, primitivas, no han sido todavía temperadas por la civilización. Pero el camino que transitó es el correcto: sin Derecho no hay justicia.
Quienes asesinaron a Danilo quisieron asesinar, con él, nuestra esperanza de justicia.
La Navidad celebra la esperanza: la certeza de que el día más oscuro del año será, precisamente, el día en que renacerá la luz. Esta noche la comunidad conmemora que han pasado 6 años desde que murió Danilo Anderson.
–Recordar a Danilo es luchar contra la impunidad, me dice Luis.
Minutos más tarde comienza la música. Un verso de una canción resume el por qué estamos aquí: “un paso adelante de la justicia nos cuesta un hombre”...
“¿Y no es buscar justicia el núcleo primordial de una revolución?”, pienso.
En el trayecto que lo llevó del liceo Guzmán Blanco a la Escuela de Derecho y luego al Ministerio Público, Danilo Anderson aprendió la fuerza del Derecho como instrumento de civilización.
Como Fiscal le hizo honor a esta fuerza. Su actuación reflejó, sin cortapisas, el principio de la igualdad ante la ley. Ricos y pobres fueron convocados al Ministerio Público a responder por sus actos.
Danilo no cedió ante amenazas y presiones. Esto le costó la vida. Ya muerto hay quienes buscan abrirle más heridas, esta vez morales.
Quizás Danilo sobrestimó la fuerza del Derecho en un país en el que las relaciones de poder, primitivas, no han sido todavía temperadas por la civilización. Pero el camino que transitó es el correcto: sin Derecho no hay justicia.
Quienes asesinaron a Danilo quisieron asesinar, con él, nuestra esperanza de justicia.
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Saturday, September 25, 2010
Socialismo en 307 palabras
Amazon.com ofrece 23.811 libros sobre el socialismo, un extenso y complejo cuerpo de ideas cuyo estudio podría ocupar una vida entera.
¿Qué queremos decir nosotros, legos en la materia, cuando hablamos de socialismo en Venezuela? Ensayemos una respuesta, encapsulada en 5 ideas que definen una visión personal.
1) Las desigualdades de poder y riqueza en la sociedad actual son injustificables. Resultan de la explotación. Transgreden un principio ético tan antiguo como la civilización: la reciprocidad. "Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros," reza el evangelio según San Lucas.
2) Cada quien tiene derecho a construir su entorno social, y expresar su individualidad, con su trabajo. El trabajo no es una mercancía.
3) Otro mundo es posible. Las injusticia que prevalece no es el destino inevitable de la especie humana. En toda persona coexisten pulsiones egoístas y altruistas; pero existen formas de organización social en las que el altruismo predomina sobre el egoísmo. (Nótese que esto no significa que los miembros de una sociedad tengan que sacrificar su individualidad y sus aspiraciones personales. Significa equilibrar la necesidad y la libertad.)
4) Hace menos de medio siglo que Martin Luther King pronunció estas palabras: "no nos revolquemos en el valle de la desesperanza... sueño que un día, en las colinas rojas de Georgia, los hijos de quienes fueron esclavos se sentarán a la mesa con los hijos de quienes fueron amos de esclavos." Las ideas, el trabajo y la cooperación pueden llevarnos a ese otro mundo posible.
5) Siglos de condición colonial han dejado su huella en nuestra psiquis colectiva. Pero somos capaces de construir nuestra identidad, de afirmarnos como pueblo libre. Lo estamos haciendo.
Esta es nuestra visión personal del socialismo, una contribución que se verá recompensada en la medida en que cada lector o lectora asuma el definir la suya propia.
¿Qué queremos decir nosotros, legos en la materia, cuando hablamos de socialismo en Venezuela? Ensayemos una respuesta, encapsulada en 5 ideas que definen una visión personal.
1) Las desigualdades de poder y riqueza en la sociedad actual son injustificables. Resultan de la explotación. Transgreden un principio ético tan antiguo como la civilización: la reciprocidad. "Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros," reza el evangelio según San Lucas.
2) Cada quien tiene derecho a construir su entorno social, y expresar su individualidad, con su trabajo. El trabajo no es una mercancía.
3) Otro mundo es posible. Las injusticia que prevalece no es el destino inevitable de la especie humana. En toda persona coexisten pulsiones egoístas y altruistas; pero existen formas de organización social en las que el altruismo predomina sobre el egoísmo. (Nótese que esto no significa que los miembros de una sociedad tengan que sacrificar su individualidad y sus aspiraciones personales. Significa equilibrar la necesidad y la libertad.)
4) Hace menos de medio siglo que Martin Luther King pronunció estas palabras: "no nos revolquemos en el valle de la desesperanza... sueño que un día, en las colinas rojas de Georgia, los hijos de quienes fueron esclavos se sentarán a la mesa con los hijos de quienes fueron amos de esclavos." Las ideas, el trabajo y la cooperación pueden llevarnos a ese otro mundo posible.
5) Siglos de condición colonial han dejado su huella en nuestra psiquis colectiva. Pero somos capaces de construir nuestra identidad, de afirmarnos como pueblo libre. Lo estamos haciendo.
Esta es nuestra visión personal del socialismo, una contribución que se verá recompensada en la medida en que cada lector o lectora asuma el definir la suya propia.
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Monday, July 26, 2010
Lógica, metáfora y revolución
Cuando Neruda escribe tu pequeño cadáver de capitán valiente/ ha extendido en lo inmenso su metálica forma, evoca lo humilde, sagrado, sublime, expansivo, infinito. No habla en forma literal. Se refiere a Bolívar en una metáfora que invoca el arquetipo del guerrero invencible. La América de Bolívar es inmortal, nos dice.
Si a la emergencia de un hospital entra un herido de bala, rojo de sangre, la doctora de guardia ordena "¡ponle dos vías y ringer a chorros!" Su lenguaje es categórico, demanda una acción necesaria para compensar la pérdida de fluídos, estabilizar al paciente y ganar tiempo para salvarle la vida.
Todo acto de comunicación es una mezcla de lógica y metáfora. Lo metafórico apela a los símbolos del inconsciente. Predomina en los sueños, la imaginación creativa, la expresión artística. Lo lógico reposa sobre lo categórico. Es la herramienta de la economía, la planificación, lo tecnológico.
El discurso político debe ser un balance de lógica y metáfora. Para construir la identidad colectiva y las aspiraciones comunes el lenguaje metafórico es crucial. Y es el brillante uso de la metáfora lo que nos ha hecho cambiar nuestra percepción de nosotros mismos: nos asumimos ahora capaces de dirigir nuestro destino; tenemos ante el mundo una postura asertiva; enfrentamos a los poderosos con dignidad.
Si queremos preservar lo ganado, si queremos que nuestra actitud se exprese en lo concreto, tenemos que darle coherencia al trabajo colectivo. La política no es sólo para convencer y ganar adeptos. La política es también administración, es política pública. Es la ciencia y el oficio de resolver nuestros problemas específicos: tráfico, vivienda, agua, seguridad, transporte, energía eléctrica, educación de alto nivel, alimentación y salud. Es usar la lógica para comprender la realidad y estructurar la acción.
No lo olvidemos.
Si a la emergencia de un hospital entra un herido de bala, rojo de sangre, la doctora de guardia ordena "¡ponle dos vías y ringer a chorros!" Su lenguaje es categórico, demanda una acción necesaria para compensar la pérdida de fluídos, estabilizar al paciente y ganar tiempo para salvarle la vida.
Todo acto de comunicación es una mezcla de lógica y metáfora. Lo metafórico apela a los símbolos del inconsciente. Predomina en los sueños, la imaginación creativa, la expresión artística. Lo lógico reposa sobre lo categórico. Es la herramienta de la economía, la planificación, lo tecnológico.
El discurso político debe ser un balance de lógica y metáfora. Para construir la identidad colectiva y las aspiraciones comunes el lenguaje metafórico es crucial. Y es el brillante uso de la metáfora lo que nos ha hecho cambiar nuestra percepción de nosotros mismos: nos asumimos ahora capaces de dirigir nuestro destino; tenemos ante el mundo una postura asertiva; enfrentamos a los poderosos con dignidad.
Si queremos preservar lo ganado, si queremos que nuestra actitud se exprese en lo concreto, tenemos que darle coherencia al trabajo colectivo. La política no es sólo para convencer y ganar adeptos. La política es también administración, es política pública. Es la ciencia y el oficio de resolver nuestros problemas específicos: tráfico, vivienda, agua, seguridad, transporte, energía eléctrica, educación de alto nivel, alimentación y salud. Es usar la lógica para comprender la realidad y estructurar la acción.
No lo olvidemos.
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Monday, July 14, 2008
¿Cuál Contraloría Social?
El texto a continuación nos habla sobre la incoherencia entre la retórica de la Contraloría Social y la práctica pública, en la que se soslaya y en muchos casos se encubre el fracaso de buena parte de los funcionarios del gobierno. En este fracaso reside el talón de Aquiles de nuestra revolución. El texto fue escrito por Felipe Pachano Azuaje, Profesor de la Universidad de Los Andes y miembro del Foro Socialista de la Facultad de Ingeniería de esa institución.
¿Cuál Contraloría Social?
Quizás alguien de la audiencia pueda presentar alguna evidencia de experiencias de contraloría social exitosa. De seguro, no será fácil conseguir estas experiencias, especialmente en nuestro Estado Mérida. Es claro que existe una gran brecha entre lo que ofrece la teoría y lo que nos entrega la práctica.
Cada dependencia pública, comenzando por el Ejecutivo Nacional y pasando por todas las instancias nacionales, regionales, municipales y hasta comunitarias, puede ser objeto de una acción popular que garantice el sano y transparente ejercicio de sus funciones. Es más, la contraloría social está llamada no sólo a regular el desempeño de los funcionarios públicos y las dependencias del Estado, sino que debe convertirse en el centro de regulación de las relaciones económicas, tal como discutimos en un artículo anterior.
La contraloría social habrá de convertirse en el principal ejercicio democrático. Atrás quedará la idea de que la soberanía de un pueblo se restringe a participar con los votos en los procesos quinquenales. El gobierno del pueblo se hará realidad cuando los servidores públicos no sean más que eso. Y cuando el pueblo tome consciencia de su papel en la sociedad.
Apartando la utopía anarquista de prescindir del Estado, en la sociedad deben establecerse controles de distinta naturaleza. Cada entidad o funcionario debe ser controlado en principio por sí mismo, luego por la contraloría administrativa, por el control político–parlamentario, por los controles policiales y judiciales, y por el control popular. Hoy por hoy, el control popular está prácticamente restringido al voto premio o castigo a los ejercicios previos o presentes de los funcionarios en términos de elecciones o referendos. Sin embargo, el auténtico control popular debe tener un carácter más directo y profundo.
El verdadero control popular debe apoyarse, primero, en la difusión de la información sobre el funcionamiento de las dependencias del Estado, en lo que ha sido denominado Gobierno Electrónico. No se trata tan sólo de proveer a las instancias gubernamentales de instrumentos informáticos para su mejor manejo administrativo. Se trata también que las tecnologías de información y comunicación permitan al pueblo conocer lo que hacen estas instancias.
Más allá de estar informado, el Pueblo debe participar en las decisiones más importantes. La definición del presupuesto debe ser auténticamente participativa y en tal sentido deben instrumentarse mecanismos para recoger eficazmente el sentimiento popular.
No tiene sentido hablar de control si, tras diagnosticar desviaciones en el desempeño de funcionarios y dependencias, no se pueden establecer acciones correctivas. La verdadera contraloría social ocurrirá cuando se ejerza un verdadero impacto sobre las decisiones administrativas y judiciales; cuando la contraloría social reduzca la corrupción e incremente la eficiencia y la eficacia del gobierno.
Tal como hemos venido precisando en las últimas discusiones sobre estrategia socialista, es necesario enfocarnos en cinco aspectos para consolidar el poder popular: información, conocimiento, capacidad de negociación (o, en este caso, presión), organización y consciencia de nuestro papel fundamental en la sociedad. Dentro de estos cinco aspectos, hay que destacar la importancia de la organización.
No se puede considerar como contraloría social a las acciones ejercidas por individualidades. Es verdad que los individuos pueden alcanzar el liderazgo necesario para activar los mecanismos de control que permitan realizar correctivos. Pero la verdadera contraloría social debe tener una conformación organizacional que se corresponda al alcance y jurisdicción de la dependencia a controlar. Si se trata de establecer contraloría social sobre las autoridades de la Universidad de Los Andes, por ejemplo, entonces los universitarios ulandinos deberán organizarse para tener progresivamente mayores niveles de información, conocimiento sobre la labor de las autoridades, y capacidad de ejercer acciones efectivas. En otro ejemplo, si se quiere establecer contraloría social sobre el Presidente de la República, es necesario que una vasta red de ciudadanos venezolanos nos pongamos de acuerdo para ejercerla. Esto puede sonar como una posibilidad remota, pero se hará realidad en la medida que el pueblo vaya ganando poder.
Una red popular de contraloría social es fundamental dentro de este proceso. En estos momentos se están dando tímidos pasos para conformar una red de control de precios y abastecimiento en el mercado merideño. No obstante, hace falta retomar la idea de la sinergia cibernética (planteada en un artículo anterior) y poner la tecnología al servicio del pueblo. La verdadera esencia del socialismo del Siglo XXI está en su carácter profundamente democrático y en el protagonismo popular. (Esto nos alejaría de posturas socialistas anteriores, que daban al Estado un poder absoluto sobre la sociedad.) Dentro de este marco, el papel del Estado Socialista es el de fomentar el poder popular. Esto comienza por proporcionar tecnologías con una visión emancipadora.
Finalmente, se hace necesario que se abandone la retórica hueca de hablar del ejercicio real de la contraloría social en el presente. Con afiches y grafitos donde se muestra un Pueblo contento por que está ejerciendo contraloría social no vamos a cambiar la realidad. El burocratismo y especialmente la corrupción están mellando la creencia del pueblo en el gobierno y consecuentemente en el proceso. Está claro que la salida de estas perversiones no se encuentra dentro del mismo aparato estatal. Sólo el pueblo salva al Pueblo y el Pueblo exige protagonismo.
Mérida, julio de 2008
¿Cuál Contraloría Social?
Quizás alguien de la audiencia pueda presentar alguna evidencia de experiencias de contraloría social exitosa. De seguro, no será fácil conseguir estas experiencias, especialmente en nuestro Estado Mérida. Es claro que existe una gran brecha entre lo que ofrece la teoría y lo que nos entrega la práctica.
Cada dependencia pública, comenzando por el Ejecutivo Nacional y pasando por todas las instancias nacionales, regionales, municipales y hasta comunitarias, puede ser objeto de una acción popular que garantice el sano y transparente ejercicio de sus funciones. Es más, la contraloría social está llamada no sólo a regular el desempeño de los funcionarios públicos y las dependencias del Estado, sino que debe convertirse en el centro de regulación de las relaciones económicas, tal como discutimos en un artículo anterior.
La contraloría social habrá de convertirse en el principal ejercicio democrático. Atrás quedará la idea de que la soberanía de un pueblo se restringe a participar con los votos en los procesos quinquenales. El gobierno del pueblo se hará realidad cuando los servidores públicos no sean más que eso. Y cuando el pueblo tome consciencia de su papel en la sociedad.
Apartando la utopía anarquista de prescindir del Estado, en la sociedad deben establecerse controles de distinta naturaleza. Cada entidad o funcionario debe ser controlado en principio por sí mismo, luego por la contraloría administrativa, por el control político–parlamentario, por los controles policiales y judiciales, y por el control popular. Hoy por hoy, el control popular está prácticamente restringido al voto premio o castigo a los ejercicios previos o presentes de los funcionarios en términos de elecciones o referendos. Sin embargo, el auténtico control popular debe tener un carácter más directo y profundo.
El verdadero control popular debe apoyarse, primero, en la difusión de la información sobre el funcionamiento de las dependencias del Estado, en lo que ha sido denominado Gobierno Electrónico. No se trata tan sólo de proveer a las instancias gubernamentales de instrumentos informáticos para su mejor manejo administrativo. Se trata también que las tecnologías de información y comunicación permitan al pueblo conocer lo que hacen estas instancias.
Más allá de estar informado, el Pueblo debe participar en las decisiones más importantes. La definición del presupuesto debe ser auténticamente participativa y en tal sentido deben instrumentarse mecanismos para recoger eficazmente el sentimiento popular.
No tiene sentido hablar de control si, tras diagnosticar desviaciones en el desempeño de funcionarios y dependencias, no se pueden establecer acciones correctivas. La verdadera contraloría social ocurrirá cuando se ejerza un verdadero impacto sobre las decisiones administrativas y judiciales; cuando la contraloría social reduzca la corrupción e incremente la eficiencia y la eficacia del gobierno.
Tal como hemos venido precisando en las últimas discusiones sobre estrategia socialista, es necesario enfocarnos en cinco aspectos para consolidar el poder popular: información, conocimiento, capacidad de negociación (o, en este caso, presión), organización y consciencia de nuestro papel fundamental en la sociedad. Dentro de estos cinco aspectos, hay que destacar la importancia de la organización.
No se puede considerar como contraloría social a las acciones ejercidas por individualidades. Es verdad que los individuos pueden alcanzar el liderazgo necesario para activar los mecanismos de control que permitan realizar correctivos. Pero la verdadera contraloría social debe tener una conformación organizacional que se corresponda al alcance y jurisdicción de la dependencia a controlar. Si se trata de establecer contraloría social sobre las autoridades de la Universidad de Los Andes, por ejemplo, entonces los universitarios ulandinos deberán organizarse para tener progresivamente mayores niveles de información, conocimiento sobre la labor de las autoridades, y capacidad de ejercer acciones efectivas. En otro ejemplo, si se quiere establecer contraloría social sobre el Presidente de la República, es necesario que una vasta red de ciudadanos venezolanos nos pongamos de acuerdo para ejercerla. Esto puede sonar como una posibilidad remota, pero se hará realidad en la medida que el pueblo vaya ganando poder.
Una red popular de contraloría social es fundamental dentro de este proceso. En estos momentos se están dando tímidos pasos para conformar una red de control de precios y abastecimiento en el mercado merideño. No obstante, hace falta retomar la idea de la sinergia cibernética (planteada en un artículo anterior) y poner la tecnología al servicio del pueblo. La verdadera esencia del socialismo del Siglo XXI está en su carácter profundamente democrático y en el protagonismo popular. (Esto nos alejaría de posturas socialistas anteriores, que daban al Estado un poder absoluto sobre la sociedad.) Dentro de este marco, el papel del Estado Socialista es el de fomentar el poder popular. Esto comienza por proporcionar tecnologías con una visión emancipadora.
Finalmente, se hace necesario que se abandone la retórica hueca de hablar del ejercicio real de la contraloría social en el presente. Con afiches y grafitos donde se muestra un Pueblo contento por que está ejerciendo contraloría social no vamos a cambiar la realidad. El burocratismo y especialmente la corrupción están mellando la creencia del pueblo en el gobierno y consecuentemente en el proceso. Está claro que la salida de estas perversiones no se encuentra dentro del mismo aparato estatal. Sólo el pueblo salva al Pueblo y el Pueblo exige protagonismo.
Mérida, julio de 2008
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Sunday, August 05, 2007
La Evolución de la Cooperación.
"Ahora he alcanzado el punto donde puedo indicar brevemente lo que para mí constituye la esencia de la crisis de nuestro tiempo. Se refiere a la relación del individuo con la sociedad. El individuo es más consciente que nunca de su dependencia de la sociedad. Pero él no ve esta dependencia como un hecho positivo, como un lazo orgánico, como una fuerza protectora, sino como algo que amenaza sus derechos naturales, o incluso su existencia económica. Por otra parte, su posición en la sociedad es tal que sus pulsiones egoístas se están acentuando constantemente, mientras que sus pulsiones sociales, que son por naturaleza más débiles, se deterioran progresivamente."
¿Por qué socialismo? Albert Einstein, 1949.
Para quienes profesan el dogma neoliberal, los seres humanos somos esencialmente egoístas. Participamos en el mercado para satisfacer nuestros intereses individuales. Del juego entre estos intereses emerge supuestamente el máximo bien común. El altruismo, la cooperación, la solidaridad, son irrelevantes—insignificantes fantasías de idealistas y soñadores. A la luz de la historia parece obvio que esta aseveración no tiene asidero en la realidad. La ciencia contemporánea corrobora esta opinión: la cooperación es esencial para la supervivencia de la sociedad, de la vida misma.
¿Cómo emerge la cooperación? Las investigaciones que abordan este problema siguen, a grandes rasgos, dos estrategias. En la primera se trata de preservar la noción de la especie humana como homo economicus, la noción de la sociedad como colección de individuos que buscan racionalmente satisfacer sus necesidades personales. Desde este punto de vista la cooperación emerge de la conveniencia de preservar las ventajas que el el grupo social le da a los individuos. (Es interesante notar que esta línea de investigación, que deriva de la economía tradicional, ha demostrado que el libre mercado no conduce en general al máximo bien común.)
En la segunda estrategia se considera la cooperación como una característica que confiere una ventaja evolutiva, que maximiza la capacidad de supervivencia y reproducción de organismos y sociedades. En la conferencia "Evolución Genética y Cultural de la Cooperación," los antropólogos Daniel M. T. Fessler y Kevin J. Haley argumentan que, en contraposición a la tradición racionalista, "las emociones parecen jugar un papel fundamental en las relaciones cooperativas". Fessley y Haley identifican 13 emociones específicas que parecen condicionar la cooperación. En el plano de las relaciones diádicas (entre dos personas) las emociones que modulan la cooperación son: el amor romántico, la gratitud, el enojo, la envidia, la culpabilidad, la rectitud y el desdén.
En el nivel social, que concierne al desarrollo del socialismo, determinan la cooperación los siguientes sentimientos: la vergüenza (de defraudar al colectivo), el orgullo (de contribuir al colectivo), la indignación moral (ante la corrupción, por ejemplo), la aprobación moral (a la probidad), la admiración, la emulación de acciones ejemplares, la alegría (de estar en Venezuela) y, por último, las emociones corporativas (amor por Venezuela, orgullo por nuestros éxitos, dolor por nuestros fracasos).
Los resultados arriba descritos pueden ayudarnos a transitar hacia el socialismo, hacia una formación social que valore más la cooperación que la competencia desleal. Desafortunadamente, no podemos decir que la vergüenza, el orgullo, la indignación moral, la aprobación moral, la admiración y la emulación sean emociones profundamente arraigadas en nuestra sociedad. Si estas emociones son necesarias, nuestra educación, nuestra expresión cultural y la acción de nuestros servidores públicos deberían fomentarlas.
La cooperación debe ser más que un eslogan político.
¿Por qué socialismo? Albert Einstein, 1949.
Para quienes profesan el dogma neoliberal, los seres humanos somos esencialmente egoístas. Participamos en el mercado para satisfacer nuestros intereses individuales. Del juego entre estos intereses emerge supuestamente el máximo bien común. El altruismo, la cooperación, la solidaridad, son irrelevantes—insignificantes fantasías de idealistas y soñadores. A la luz de la historia parece obvio que esta aseveración no tiene asidero en la realidad. La ciencia contemporánea corrobora esta opinión: la cooperación es esencial para la supervivencia de la sociedad, de la vida misma.
¿Cómo emerge la cooperación? Las investigaciones que abordan este problema siguen, a grandes rasgos, dos estrategias. En la primera se trata de preservar la noción de la especie humana como homo economicus, la noción de la sociedad como colección de individuos que buscan racionalmente satisfacer sus necesidades personales. Desde este punto de vista la cooperación emerge de la conveniencia de preservar las ventajas que el el grupo social le da a los individuos. (Es interesante notar que esta línea de investigación, que deriva de la economía tradicional, ha demostrado que el libre mercado no conduce en general al máximo bien común.)
En la segunda estrategia se considera la cooperación como una característica que confiere una ventaja evolutiva, que maximiza la capacidad de supervivencia y reproducción de organismos y sociedades. En la conferencia "Evolución Genética y Cultural de la Cooperación," los antropólogos Daniel M. T. Fessler y Kevin J. Haley argumentan que, en contraposición a la tradición racionalista, "las emociones parecen jugar un papel fundamental en las relaciones cooperativas". Fessley y Haley identifican 13 emociones específicas que parecen condicionar la cooperación. En el plano de las relaciones diádicas (entre dos personas) las emociones que modulan la cooperación son: el amor romántico, la gratitud, el enojo, la envidia, la culpabilidad, la rectitud y el desdén.
En el nivel social, que concierne al desarrollo del socialismo, determinan la cooperación los siguientes sentimientos: la vergüenza (de defraudar al colectivo), el orgullo (de contribuir al colectivo), la indignación moral (ante la corrupción, por ejemplo), la aprobación moral (a la probidad), la admiración, la emulación de acciones ejemplares, la alegría (de estar en Venezuela) y, por último, las emociones corporativas (amor por Venezuela, orgullo por nuestros éxitos, dolor por nuestros fracasos).
Los resultados arriba descritos pueden ayudarnos a transitar hacia el socialismo, hacia una formación social que valore más la cooperación que la competencia desleal. Desafortunadamente, no podemos decir que la vergüenza, el orgullo, la indignación moral, la aprobación moral, la admiración y la emulación sean emociones profundamente arraigadas en nuestra sociedad. Si estas emociones son necesarias, nuestra educación, nuestra expresión cultural y la acción de nuestros servidores públicos deberían fomentarlas.
La cooperación debe ser más que un eslogan político.
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