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Friday, March 29, 2019

La Pasión de Caracas

Agonía y sufrimiento en la oscuridad
De noche, sin electricidad,
Caracas es dolor
de miedo y sombras.

El agua es sudor
pegajoso de piel.
Entre los edificios

vuela un viento
acre de orina y mierda.
El hambre

desfallece de azúcar
a los diabéticos.
Desgarran las gargantas

las garras nauseabundas
de la codicia. Palabras
desquiciadas infectan

los pensamientos:
cibernético, electromagnético,
libertad, usurpación.

La desesperación grita.
¡Maduro!
¡Coño de tu madre!

Monday, October 08, 2018

La Kakistocracia y el Gas Comunal

El absurdo como sistema
En 1979, hace cuatro décadas, comprar gas en El Hatillo era cosa fácil. Bastaba con llamar a uno de tres distribuidores, Di Gas, Palma Gas o Tauro Gas, para que al día siguiente una bombona fuese despachada a la casa —dentro de un término razonable de la hora para la cual había sido prometida—. Comprar gas no era un trauma. Como tampoco lo eran comprar comida o medicinas, comer en un restaurante, usar el transporte público o manejar de noche por una carretera. Comprar gas, sin retrasos ni contratiempos, siguió siendo parte de lo cotidiano durante las subsiguientes tres décadas.

Hoy, cuando ha transcurrido una década más, las cosas son muy distintas. En toda Venezuela comprar gas se ha vuelto una penuria —penuria que es síntoma entre muchos de la degradación de la calidad de vida que nos ha traído el gobierno de los peores, la kakistocracia—.

¿Cómo fue desmantelado el servicio de distribución de gas?

El 3 de septiembre de 2007 Rafael Ramírez y Hugo Chávez Frías, “para acabar con el ‘oligopolio’ que imperaba entre los industriales del gas en bombonas”, crearon PDVSA Gas Comunal, cuyo objetivo sería “garantizar el suministro de GLP y Gas Metano en forma oportuna, confiable y segura a las comunidades”. La grandilocuencia de Chávez como muchas otras veces se estrelló con la realidad: el oligopolio se convirtió en monopolio –y a la vuelta de pocos años el servicio se vino al suelo–.

El desastre de PDVSA Gas Comunal no es un ejemplo aislado.

PDVSA Gas Comunal es, de hecho, paradigma representativo de como desgobierna la kakistocracia, que parece estar maldita por un toque de Midas al revés, que convierte en basura todo lo que toca.

La gerencia de PDVSA Gas Comunal, si es que se puede llamar gerencia a un desorden, es la típica gerencia de la kakistocracia. Los siguientes son ejemplos del desbarajuste:

– Ya no podemos pedir gas por teléfono. Ninguno de los números de nuestro distribuidor, Cacique Baruta, contesta. Que esto es verdad puede ser verificado por el lector: los números son 0212 9451131, 0212 9452572, 0212 9454308 y 0212 9452913. (Tampoco contesta el número de acceso nacional 0800 BOMBONA. Y los mensajes a la cuenta de Twitter @0800Bombona no son respondidos).

– Hace muchos años que Cacique Baruta no nos entrega factura.

– Los camiones de Cacique Baruta no despachan gas a nuestra vivienda, pero ocasionalmente nos topamos con ellos en la calle. Evidentemente los choferes están vendiendo gas a quienes a ellos les da la gana, cuando les da la gana.

La propaganda de PDVSA Gas Comunal, como toda la propaganda de la kakistocracia, es bombástica y basada en la mentira descarada. Mientras la gente no tiene gas la gerencia de PDVSA Gas Comunal se jacta de tener oficinas en todo el país “para dar el mejor servicio”, de ser una “suma de talento humano, tecnología, inversión y una gran infraestructura industrial”, y de expresar “la sabiduría, conciencia y productividad del pueblo”.

Por último PDVSA Gas Comunal, al igual que los demás entes de la kakistocracia, es intrínsecamente incapaz de corregir sus graves defectos. Sus funcionarios son sordos a la crítica y no responden a las denuncias, por bien sustentadas que estén.

La gerencia de Gas Comunal, kakistocracia al fin, se declara infalible, perfecta, paradigma resplandesciente para todos los pueblos del planeta.

Saturday, June 06, 2015

Corrupción y Colapso Social en Venezuela

La corrupción lleva a Venezuela al borde del colapso social
En Venezuela los contrincantes en la lucha política enmarcan sus acciones dentro de una presunta oposición ideológica entre una izquierda socialista y una derecha capitalista. La verdad es que socialismo y capitalismo son conceptos de escasa relevancia a la práctica social venezolana.

La verdadera lucha que se libra en Venezuela es entre quienes se lucran de la corrupción y quienes quisiéramos construir un país fértil para la vida creativa.

La corrupción está ganando, desde hace muchas décadas. Es tal su avance que Venezuela exhibe síntomas claros de lo que los pensadores sociales llaman colapso social, un proceso en el cual un grupo humano pierde su viabilidad como sociedad organizada.

Es posible, por otra parte, que el país esté reaccionando —que una suerte de respuesta inmune se esté activando en el organismo social.

Voceros afectos al gobierno no sólo comienzan a aceptar la corrupción como un hecho —llaman a combatirla.

«(El tema de la corrupción) lo he abordado desde diversos ángulos, causas, consecuencias, etc. Sin un golpe sustantivo a este fenómeno, sus diversas redes que están infiltradas por todas partes, la victoria no sólo electoral sino política, es difícil. Quizás sea el factor más peligroso que acecha, seduce, traiciona, sabotea, desmoraliza, se alía con la derecha, empobrece, cultiva la ineficiencia y el burocratismo, lo distorsiona todo… No hay solución diferente que la transparencia, la destrucción y sanciones de las complicidades, el desenmascaramiento y el castigo sin piedad… Es como necesaria una acción de salud pública colectiva, Sin duda esta lucha animará la participación del pueblo en la campaña electoral.» —Julio Escalona

La preocupación por los resultados electorales es la motivación de este nuevo interés por la corrupción, podría decirse y seguramente es verdad. Pero esto es natural, las respuestas inmunes son las de organismos cuya supervivencia se ve amenazada.

Los universitarios, como el resto de los venezolanos, respiramos de cerca el aliento de la corrupción, cada vez más fétido, cada vez más tóxico. Nos corresponde, por aquello de la «contribución doctrinaria en el esclarecimiento de los problemas nacionales», rechazarla sin ambages, perseguirla en la medida de nuestras posibilidades.

Sunday, August 11, 2013

Quince años después de 1998

El enigma de los dos Chávez
En el mes de febrero de 1999 Gabriel García Márquez entrevistó a Hugo Chávez Frías. Recogió su entrevista en “El enigma de los dos Chávez”, un título que sintetiza la siguiente reflexión, al final del texto.
El avión aterrizó en Caracas a las tres de la mañana. Vi por la ventanilla la ciénaga de luces de aquella ciudad inolvidable donde viví tres años cruciales de Venezuela que lo fueron también para mi vida. El presidente se despidió con su abrazo caribe y una invitación implícita: "Nos vemos aquí el 2 de febrero". Mientras se alejaba entre sus escoltas de militares condecorados y amigos de la primera hora, me estremeció la inspiración de que había viajado y conversado a gusto con dos hombres opuestos. Uno a quien la suerte empedernida le ofrecía la oportunidad de salvar a su país. Y el otro, un ilusionista, que podía pasar a la historia como un déspota más.
En 1998, antes de que Chávez ganara las elecciones, escribimos “Chávez y el Arte de la Guerra”, un artículo en el que sopesamos las cualidades de su liderazgo y manifestamos la necesidad de emprender en aquél momento una acción decidida contra la corrupción. En febrero del año 2000 examinamos en “Chávez, el Símbolo” la fuerza simbólica detrás del liderazgo carismático de Chávez. Y expresamos la necesidad de hacer coherente esta fuerza, casi mágica, con el ejercicio real del poder.

Quince años después de 1998, estos artículos podrían ayudarnos a desentrañar el enigma de los dos Chávez.

Chávez y el Arte de la Guerra

El liderazgo es un asunto de inteligencia, de sinceridad, de humanidad, de coraje y de severidad.
Sun-Tzu. “El Arte de la Guerra”.
La historia nos señala la inevitable recurrencia de los conflictos. El Arte de la Guerra, escrito en China dentro del marco de la tradición taoísta, es interpretado en el contexto contemporáneo como un manual que nos enseña los principios que rigen la dinámica de los conflictos; y que nos enseña también que conocer a fondo esta dinámica es esencial para reducir al mínimo posible la confrontación abierta, la ira, el derramamiento de sangre.

Sin negar la importancia de las dificultades económicas que enfrentamos, lo que realmente amenaza nuestra existencia como grupo humano, como Nación, es la desintegración de nuestra moral colectiva, lo que en la mañana del cuatro de febrero el Presidente Caldera llamó «el morbo de la corrupción». Eliminar la corrupción en Venezuela ya no es tan simple como identificar un grupo de «corruptos» y llevarlos a la cárcel. No, la corrupción ha invadido nuestro sentido ético. Y por sentido ético quiero decir el sentimiento que sirve de balance entre los intereses que generan las naturales ambiciones de los individuos y los intereses que generan las necesidades comunes.

En una sociedad sana el sentimiento ético tiende a inhibir comportamientos que son destructivos para el colectivo; y tiende a estimular en los individuos comportamientos favorables al bienestar de todos. Pero en Venezuela ya no hay honor en la lealtad hacia la Nación, que en realidad es lo mismo que decir que no hay honor en la lealtad hacia nosotros mismos. ¿Quién respeta al juez que no cede ante presiones, al policía que no se deja sobornar, al maestro que cumple con su trabajo, al médico que no sustrae los equipos del hospital público donde trabaja? Sin sentido ético colectivo no hay progreso. El «morbo de la corrupción» es un enemigo que debemos combatir y vencer, cuanto antes.

Veamos este conflicto desde la perspectiva de Sun-Tzu, según la cual la evaluación estratégica previa a todo conflicto descansa en la ponderación cuidadosa de cinco variables: la coincidencia entre los objetivos de la gente y los de sus gobernantes, las condiciones externas, las condiciones materiales, la disciplina y el liderazgo. Fijemos nuestra atención en la última de estas variables: si queremos enfrentar con éxito la corrupción, ¿qué condiciones debe tener el líder sobre quien recaiga la reponsabilidad de dirigir el conflicto?

Según los principios expuestos por Sun-Tzu, hace mas de dos mil años:

—El líder debe ser inteligente, para planificar con precisión y ser capaz de adaptarse a circunstancias cambiantes con celeridad y eficiencia.

—Su palabra debe ser confiable. Sus directrices deben ser claras, realistas y sin ambigüedades que dificulten llevarlas a la práctica.

—Debe querer a su gente, valorar sus esfuerzos y ser compasivo ante sus dificultades.

—Debe tener coraje para aprovechar sin vacilación las oportunidades de alcanzar la victoria.

—El líder debe ser severo: cuando alguien deba ser castigado por sus acciones, el castigo debe ser rápido e inexorable. Aunque el infractor esté cerca de sus afectos.

Los hechos han demostrado que Hugo Chávez Frías satisface las primeras cuatro de estas condiciones. La última condición le impone un reto difícil de satisfacer. Los venezolanos esperamos que las «realidades políticas» no impidan, una vez más, la victoria sobre el morbo de la corrupción.

Gustavo J. Mata
Diciembre de 1998.

Chávez, el Símbolo

Las incidencias de un año de gobierno no han disminuido la confianza que el Comandante Chávez inspira en el pueblo venezolano. A pesar de las dificultades económicas y las incertidumbres políticas, su popularidad no disminuye. ¿En qué se sustenta la durabilidad de este apoyo popular? ¿Qué ha recibido la mayoría de los venezolanos de éste primer año de gobierno? En nuestra opinión, la repuesta es muy simple: al pueblo venezolano le ha sido devuelta su dignidad. Examinemos esta proposición en detalle.

En la concepción social que presupone la supremacía de lo económico, la humanidad primaria de la gente desaparece. El ser humano es reducido a una unidad productiva, a una pieza de una enorme maquinaria cuyo mítico bienestar está por encima del de las personas. Este economicismo extremo puede manifestarse en sistemas ideológicos muy disitintos. Dos ejemplos particulares son: el «neoliberalismo salvaje», que hemos padecido en la última década, y la colectivización forzada de la Unión Soviética de Stalin, que tanto daño causó hace medio siglo.

En la ideología del neoliberalismo un ser humano vale en función de su valor como agente económico. De lo que se infiere que quien vive al margen del sistema económico pierde su valor como persona. Para el neoliberalismo, ocho de cada diez venezolanos son escoria que interfiere con el funcionamiento fluído de la maquinaria económica. Recordemos que esto no es una mera abstracción. Todo lo contrario. Es una realidad social que se refleja en el lenguaje coloquial (los monos versus los sifrinos), en los privilegios indebidos que implícita o explícitamente limitan el acceso a las universidades, en las vidas humanas que cobra la inseguridad.

Si el neoliberalismo nos arrebata la dignidad, la esperanza colectiva nos la devuelve. Hace unos días caminábamos por el boulevard de Sabana Grande. Un hombre, incapacitado por una enfermedad particularmente cruel, pedía limosna acostado sobre una camilla improvisada. Cuando señalamos la credencial del MVR, que lucía sobre el pecho como una condecoración, se acomodó la boína roja y sonrió. Percibimos que a pesar de su extrema pobreza se sentía pertenecer a algo que nos hacía iguales.

Como todos los seres humanos, los venezolanos necesitamos sentir que somos parte de una sociedad digna. Chávez se ha convertido en un símbolo que apunta hacia el colectivo que aspiramos todos. Y es a Chávez, el símbolo, a quien apoya irrestrictamente la mayoría de los venezolanos.

La gente que ha recuperado su dignidad exige ahora bienestar económico, educación, justicia: que cese de una vez la impunidad.

Es la responsabilidad de Chávez, el hombre, actuar en coherencia con Chávez, el símbolo.

Gustavo J. Mata
Febrero de 2000

Sunday, November 04, 2012

Nefarios Consejeros

Of euyl counsellours, juges and men of lawe

El que tiene un cargo y autoridad

Gobernar una comarca: como un juez o consejero
que aún viendo la Justicia, claramente recta y ecuánime,
–enceguecido falsamente por el favor o la rigidez
condena a los inocentes–. Y a un transgresor:
le premia con favores. El que así actúa es tan sabio
como quien pretende hervir un cerdo vivo en una olla.
—De la Nave de los Necios, de Sebastián Brandt
To rule a Royalme: as Juge or Counsellor
Which seynge Justice, playne ryght and equyte,
Them falsly blynded by fauour or rigour
Condemnynge wretches gyltles. And to a Transgressour:
For mede shewinge fauours. Suche is as wyse a man
As he that wolde seeth a quycke Sowe in a Pan
—From The Ship of Fools, Sebastian Brandt

Friday, August 12, 2011

Desde el Rancho

En su comentario a ¿Hay Gobierno en El Hatillo?, el lector Darío Canelón señalaba que hace unos 40 años atrás 1 de cada 3 de los habitantes de Caracas vivía en un rancho. Hoy todos los habitantes de Caracas vivimos en un rancho, en cierta forma.

Construir un techo para sí mismo y para su gente es una pulsión que anima a todo ser humano. Esta pulsión, como todas, puede llevar a actos de creación sana o a actos de destrucción irracional. Todo depende de en que medida este impulso natural de construir sea encauzado o no por la razón, el conocimiento y el respeto a las necesidades del otro.

Desde los albores de la civilización los derechos del colectivo han sido codificados en la ley. Hace 3700 años, ya la Ley 233 del Código de Hamurabí estipulaba que «si un constructor hizo una casa para otro y no hizo bien las bases, y como consecuencia el nuevo muro se cayó, este constructor reparará el muro a su costa».

En la Venezuela contemporánea existen leyes que rigen la materia de construcción y urbanismo. Pero ni los constructores las cumplen ni el Estado las hace cumplir.

Esto es lamentable, porque cuando el impulso creativo de construir es canalizado por el cálculo racional, la educación y la norma, el resultado es un hábitat urbano que enriquece la vida de los ciudadanos: como los hábitat de la Caracas de los años 50, el París de Haussman o la muy hermosa y vivible ciudad de Buenos Aires.

Cuando por el contrario el impulso de construir es pervertido por la codicia y el poder político venal, el resultado es el infierno que hoy vivimos en Caracas.

Cuando un alto funcionario señala que «en Caracas cabe otra Caracas» lo que realmente nos dice es que aunque la ciudad y sus servicios hayan colapsado, seguir construyendo en ella sigue siendo una manera eficaz de apropiarse de un pedazo de la renta petrolera. Cuando se premia a quienes violentando la norma y el sentido común construyen en zonas no aptas, no se está siendo humanitario: se está estimulando el caos. Cuando se construye un Centro Comercial en la orilla de una quebrada se está destruyendo el ambiente y la vida de todos los venezolanos y sus descendientes.

En nuestra opinión, todos los caraqueños vivimos en ranchos, humildes o costosos, pero ranchos al fin. Todos sufrimos la anomia que hace letra muerte de la ley, todos somos víctímas inermes del hampa, todos carecemos de espacios para el esparcimiento.

Los caraqueños vivimos la opresión de los apetitos desenfrenados de la codicia y el poder político venal.

¿Qué opina usted amigo lector, amiga lectora?


Tuesday, November 09, 2010

¡Incáutese el pueblo de El Hatillo!

El día de los muertos los concejales del Hatillo se reunen en la Cámara Municipal, a media cuadra de la Iglesia. Su cometido es cocinar una ordenanza que arrebatará tierra y vivienda a los habitantes originarios del pueblo.

Un grupo de vecinos se ha presentado a defender la comunidad. Mercedes, una de ellos, vive en la Unión, a 2 kilómetros de la Alcaldía. Si el Concejo Municipal permite el desarrollo comercial en la zona, el precio del terreno de Mercedes aumentará. Tomando los precios de una urbanización cercana como referencia, se estima que valdrá unas 5 veces más.

Según la nueva ordenanza, este aumento de valor obligaría a Mercedes a pagar unos 700.000 BsF de impuesto. Como no los tiene, Mercedes tendría que hipotecar su casa para pagar. Y como tampoco tiene para pagar la hipoteca, quedaría en la calle, con sus hijos y sus nietos. La ordenanza crea un mecanismo para incautar la propiedad de los habitantes de El Hatillo.

El tiempo pasa lento en la Cámara: los concejales alargan la discusión para cansar a los vecinos. Han pasado 7 horas cuando termina la sesión. Un concejal cierra con una sentencia: –la ordenanza se aplicará a todo el municipio. Mercedes imagina un vampiro hincando los dientes en el cuello de su nieto.

“El Hatillo tiene sus espantos”, piensa Mercedes cuando sale de la Cámara. Afuera, en un banco en la plaza, un ciego, un sordo y un mudo comparten una botella de cocuy. El ciego ve la preocupación de Mercedes.

–¿Qué pasa señora Mercedes? –pregunta.

–¡Quién nos va a salvar ahora? –contesta Mercedes.

El sordo la escucha y dice: –se oye que el Rojo Rojito aparece por El Encantado.

El mudo se echa un palo, se levanta del asiento y habla.

–¡Llámenlo! El Hatillo también existe.

Sunday, September 19, 2010

Combatir el delito

El Consejo Canadiense para el Desarrollo Social (CCSD) tiene como misión “desarrollar y promover políticas económicas y sociales que inspiren y formen comunidades resistentes, optimistas y prósperas”. Esta misión incluye diseñar políticas para combatir la delicuencia.

Resolver un problema pasa por investigar lo que hacen otros. Canadá es un país capitalista, es verdad, pero su tasa de homicidios es 20 veces menor que la nuestra. Examinemos como el CCSD aborda la cuestión del crimen.

El CCSD identifica 3 formas de prevenir el delito.

1) De desarrollo social.

2) Policiales, judiciales y correccionales.

3) Situacionales.

En relación al primer punto el CCSD señala que “ciertas formas de experiencia en la niñez correlacionan fuertemente con una alta probabilidad de delinquir en la vida futura: vivir en la pobreza, vivir en áreas marginales y no recibir atención familiar. ” Señala también que atender las condiciones sociales para reducir el crimen es de una efectividad “impresionante”.

Las políticas del gobierno bolivariano, orientadas a mejorar las condiciones sociales, son consistentes con lo que plantean el CCSD y otras instituciones globales. Esto reafirma que andamos por buen camino. Pero enfrentamos obstáculos.

1) Parte del dinero de los programas sociales termina en los bolsillos de corruptos: el delito mismo compromete nuestro mejor esfuerzo para combatirlo.

2) Nuestro sistema judicial es ineficaz, permisivo y a veces abiertamente criminal. ¿Cómo implementar entonces las necesarias medidas policiales, judiciales y correccionales? Habría que profundizar iniciativas como la Policía Nacional Bolivariana. Y complementarlas con una limpieza a fondo del Poder Judicial.

3) Organizaciones delictivas, de alta capacidad operativa y gran poder de fuego, han penetrado nuestros espacios institucionales y comunitarios. Esto dificulta modificar la situación material para prevenir el crimen.

Saturday, September 11, 2010

La Venezuela Petrolera

La economía petrolera y sus distorsiones.
Administrar bien el ingreso de los países petroleros es, en principio, lo mismo que administrar bien cualquier presupuesto. Pero algunos problemas específicos resaltan en estos paises: ¿cuánto ahorrar para generaciones futuras? ¿cómo alcanzar estabilidad económica en presencia de variaciones en el ingreso petrolero (evitando ciclos de auge y bancarrota)? ¿cómo garantizar un gasto de alta calidad (sea en la forma de grandes proyectos de inversión, consumo público, o subsidios)? Las recetas para enfrentar estos retos son claras en teoría. Pero a menudo chocan con la realidad de sistemas fiscales opacos y altamente politizados... En casos extremos, en los que un gobierno se mantiene en el poder sólo como resultado del dinero del petróleo, ningún ajuste fiscal será posible a menos que sea forzado por una crisis.
Dos años de crisis financiera mundial han producido una caída del consumo en Venezuela. Nuestra condición de país petrolero sugiere por qué. El consumo en Venezuela excede la capacidad productiva del país: buena parte de los bienes que consumimos son importados. Al disminuir el ingreso petrolero, baja la diponibilidad de divisas para importar. En ausencia de un aumento de la producción nacional disminuye, como resultado, el consumo.
Esto se agrava porque buena parte de los insumos para el sector productivo también son importados. Así que el descenso del ingreso petrolero golpea la capacidad productiva local, precisamente en el momento en el que más se necesita.
Para corregir esta situación y asegurar un nivel de consumo cónsono con una calidad de vida aceptable, habría que alcanzar por lo menos tres objetivos.1) Reducir el consumo no esencial.
2) Estimular la capacidad productiva del país, para adecuarla al nivel de consumo.
3) Disminuir el impacto de dos mecanismos de extracción de renta que han sido tradicionales en Venezuela: el clientelismo y la corrupción.

Thursday, January 11, 2007

¡Justicia! ¡Justicia! ¡Justicia!

"Cuando Anu, el Sublime, Rey de Anunaki, y Bel, señor del Cielo y de la Tierra, decretaron el destino del país y asignaron a Marduk, hijo Comandante de Ea y Dios de la Rectitud, dominio sobre los hombres; y le dieron su ilustre nombre a Babilonia, la hicieron grande y fundaron en ella un reino eterno sobre bases tan sólidas como las del Cielo y la Tierra; entonces Anu y Bel me llamaron a mí, Hamurabí, príncipe exaltado, para que trajera al país el dominio de la rectitud, para que destruya a los malvados y malhechores, para que el fuerte no pueda hacerle daño al débil... para garantizar el bienestar de la gente."

Así comienza el preámbulo del Código que escribió Hamurabí hace tres mil ochocientos años. La retórica es sorprendentemente similar a la de nuestra Constitución, con una muy importante distinción: la autoridad del Código de Hamurabí proviene de la Divinidad. La autoridad de nuestra Constitución proviene del pueblo. El artículo 6 del Codígo de Hamurabí tipifica y sanciona la corrupción: "Ley 6: Si uno robó el tesoro del dios o del palacio, recibirá la muerte y el que hubiere recibido de su mano el objeto robado, recibirá la muerte". La corrupción, como el homicidio, se castiga con la pena máxima.

Nuestra noción de los derechos humanos ha evolucionado durante los 3800 años que han transcurrido desde los tiempos del reino de Hamurabí. En nuestro país ningún delito puede penarse con la muerte. Esto es acertado, en mi opinión. La pena de muerte mengua el espíritu social.

Ahora bien, es improbable que las motivaciones sicológicas primarias del comportamiento humano hayan cambiado significativamente en los últimos cuatro milenios. La especie humana apareció hace unos 300.000 años. Esto quiere decir que si hombres y mujeres hubiésemos aparecido en la Tierra hace un año, entonces el Código de Hamurabí hubiese sido escrito hace apenas cinco días. La fisiología cerebral de un ladrón en Babilonia es la misma que la de un choro en Caracas. Sus motivaciones primarias son las mismas. Sí Hamurabí encontró necesario legislar con severidad extrema contra la corrupción. ¿Que nos hace creer que podemos fundar un país sin penalizarla en forma drástica?

El Presidente acaba de anunciar que promoverá leyes para limitar el sueldo de los funcionarios públicos de alto nivel. Esto es loable. Y tendrá un efecto pedagógico sobre la población. Pero no creemos que vaya a limitar la corrupción.

Un sueldo de 15 millones es 30 veces más grande que un sueldo mínimo, es verdad. Pero 15 millones se quedan cortos ante los montos involucrados en la corrupción. Los negocios de la corrupción involucran millardos de bolívares; en casos extremos decenas y centenas de millardos. El incentivo para corromperse es enorme. Y excepto por la moral individual, no hay freno. Como dijo el difunto Gonzalo Barrios, "en este país la gente roba porque no tiene ninguna razón para no robar".

La corrupción merece ser castigada con la pena máxima, que en nuestro país son 30 años. Y no sería malo plantearnos una meta específica. Sugerimos una: encarcelar aunque sea unos cien corruptos para celebrar la inauguración del Viaducto de la Guaira.