Tuesday, March 15, 2011

La Venezuela Civilizada Contra el Abuso y la Desidia

Políticas públicas en Venezuela
Arte defiende medio ambiente contra abuso y basura en Pineda, a una cuadra de Miraflores (La Pastora, Caracas, Venezuela)

En la Pastora, cerca de la esquina de Pineda, bajando desde el sitio donde murió José Gregorio hacia la Urdaneta hay un basurero –a una cuadra de Miraflores.

Debería ser raro que fuese posible echar basura en la calle a tan sólo 172 metros de la sede del principal poder público. Pero no lo es, es más bien común: hace poco vimos un montículo de basura al lado de la puerta de la Alcaldía de El Hatillo. La desidia es un rasgo característico de la clase política venezolana: sea blanca, verde, azul o roja rojita.

La función del gobierno, según el filósofo utilitarista Jeremías Bentham, es buscar la mayor suma de felicidad para los gobernados. En una absurda pero audaz pirueta semántica nuestra clase política ha volteado este principio y actúa para buscar la mayor suma de felicidad de los gobernantes, es decir, de ellos mismos. Esto nos permite entender por qué hay basura –y atracadores, pensiones insalubres y expendios ilegales de licores– en el entorno cercano a Miraflores.

Hay un funcionario responsable de mantener limpia La Pastora. Llamémoslo, a la usanza de la narrativa del siglo XIX, R... ¿Por qué R... no cumple con su función de garantizar que la compañía responsable recoja la basura? ¿Por qué R... no usa la fuerza pública para impedir que los abusadores boten basura en la calle? ¿Por qué R..., en una palabra, no cumple con su responsabilidad como funcionario público? Porque gana más no haciéndolo.

Recoger eficazmente la basura le costaría a R... tiempo y dinero: su propio tiempo y el dinero público que está a su discreción. Recoger la basura no le da beneficios económicos. (Quizás le haría acreedor del encomio de los ciudadanos agradecidos, pero es improbable que a R... esto le importe mucho.) Podría pensarse que al no recoger la basura R... incurriría en un costo político. Esto sería lo ideal, pero R... cuenta con una costosa y arrolladora maquinaria de propaganda que lo protege. El costo político de abandonar los ciudadanos a su suerte es en realidad pequeño. Podría pensarse que R... sería sancionado por no cumplir su función. La verdad es que nuestros inoperantes sistemas de control y de justicia le permiten dormir sin sobresaltos.

R... no incurre en costos por no recoger eficazmente la basura. Pero si obtiene utilidades: puede usar su tiempo y el dinero público para obtener beneficios económicos directos –y para mantener contentos a sus clientes políticos. No recoger la basura es, para R..., la decisión que maximiza su felicidad, es la decisión racional para él.

Por ahora. La mayoría de ciudadanos que sufre el abuso, impune ante la desidia de políticos como R..., no es inerme. Puede que esta mayoría no esté organizada, que no comprenda los recovecos de la intriga política. Pero esto no quiere decir que su capacidad de tolerar el desorden sea infinita.

En la esquina de Pineda un artista local ha expresado su disgusto en una pared: «Colabora, espacio peatonal...» Pero no sólo ha expresado su disgusto, ha asumido una labor que la clase política ha descuidado: la educación. Quizás el artista local sea estudiante de urbanismo o arquitectura, quizás sea uno de los muchos venezolanos cuya inteligencia nata ha sido afilada por las dificultades de la vida. Lo cierto es que introduce un concepto crítico en una ciudad donde el caos irrita como un concierto de furruco y sexto: el concepto de espacio público. El abusador sigue abusando. Pero el artista local está despertando la conciencia de las víctimas de su abuso.

¿Es esto un hecho aislado? Opino que no.

La fotografía de abajo así lo atestigua. En la Universidad Simón Bolívar un grupo de estudiantes llena un vacío educativo y asume la función de enseñar ciudadanía a sus compañeros: «no hacer cola del transporte es un irrespeto que ningún estudiante debe permitir... respeta y hazte respetar». Esto es poesía para los oídos de los venezolanos, atormentados por el abuso omnipresente en todos los espacios y todos los estratos sociales.


Estudiantes de la Universidad Simón Bolívar combaten la violencia de la cultura del abuso (Baruta, Caracas, Venezuela)

De acuerdo a Max Weber, el Estado es el ente que posee un «monopolio del legítimo uso de la violencia».

En Venezuela los motorizados se dan el tupé de circular a contramano por la autopista, los atracadores hacen de las suyas en el transporte público y los comerciantes inescrupulosos arrojan su basura en la calle –a una cuadra de la Presidencia de la República. ¿Existe en Venezuela un Estado en el sentido de Weber? Mucho me temo que no.

Pero este no tiene por qué ser nuestro destino. Las fotos que aquí mostramos sugieren que pudiera estar germinando la semilla de un verdadero Estado. Uno que comanda: «vecino, colabora, no botes basura... o atente a las consecuencias.»

Vecinos por el medio ambiente contra el abuso de la basura en Calero (La Candelaria, Caracas, Venezuela)

3 comments:

Diana said...

Muy cierto y lamentable. Son poquísimos los funcionarios que cumplen con su deber y muchísimos los que buscan sólo el lucro en detrimento de TODOS y ésto va para oficialistas y opositores.
Salud y éxito

Gustavo J. Mata said...

Diana,

Y cuando un funcionario cumple con su deber, se convierte en un obstáculo para quienes no lo cumplen. Y es por esto sometido a una apabullante presión, que muchas veces le lleva a renunciar a la función pública.

Salud y éxito para usted

Nely Gómez Sánchez said...

La basura forma parte del entorno, del paisaje tanto en los barrios como en las zonas residenciales. En busca del secreto para su eliminación comisiones de ediles y hasta de asambleistas -antes congresantes-, han viajado en la IV y V República a Alemania, España,Canadá, Francia, Japón y creo que hasta China, pero al parecer el secreto no les ha sido revelado porque la basura sigue tan campante como en los tiempos de mi niñez. Hacen falta funcionarios interesados en cumplir cabalmente su deber y ciudadanos conocedores de sus derechos y sus deberes. Cuando tal cosa suceda Venezuela será lo que muchos soñamos.